Cierto día, entre el ajetreo cotidiano, una joven en medio de su encolarizado rato expresó: "Soy lo que soy".
Sé que no existe ninguna profundidad en este superfluo anuncio, pero sí sé que a partir de allí supe que debía hacer con mi vida.
Me di cuenta que las apariencias más que engañar, son quienes mueven el mundo, ese que sólo es conquistado por el mal, la mentira y la ambición.
Me di cuenta que el hecho no es SER, sino ser lo que los demás quieren que uno sea.
Me di cuenta que todo lo que en este mundo se haga con honestidad vale tanto, como el valor de una moneda de cuero.
Así pues, haciendo este análisis superficial, decidí ser eso que quiero ser y no más; decidí que si no gusto por mi figura, por mi vestuario, por mi pensamiento, entonces me aislaré y me dirijiré al cuarto de los afligidos pero valientes; sí, valientes porque son ellos quienes no se transforman en lo que los demás quieren ver y deciden vivir tal cual son, sin apariencias, ni mentiras, ni espejismos que sólo logran reflejar lo exterior, lo sin sentido, lo falso....
Esa joven en medio de su ira temporal, logró que por fin yo encontrara lo que buscaba desde hace años, logró que yo me estimara más, y dejara a un lado todos aquellos comentarios que dañaron mi alma, esa joven transformó una vida y ha salvado su alma...
Ahora entonces puedo decir con orgullo, SOY LO QUE SOY, y no cambiaré.

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